“Cuando uno atribuye todos los errores a los otros y se cree irreprochable, está preparando el retorno de la violencia, revestida de un vocabulario nuevo, adaptada a unas circunstancias inéditas. Comprender al enemigo quiere decir también descubrir en qué nos parecemos a él.” – Tzvetan Todorov


miércoles, 20 de febrero de 2008

Gaza y Sderot: ¿coexistencia en medio de la guerra?

"Peace Man" es un palestino que vive en Sayaia, un campo de refugiados en Gaza. "Hope Man" es un israelí que vive en Sderot, una ciudad al sur de Israel. Tienen una larga amistad, pero la violencia en ambos lados de la frontera que los separa no les ha permitido reunirse. Bajo estos seudónimos, decidieron crear Life must go on in Gaza and Sderot, un blog que les permite comunicarse, y comunicar al mundo, sus deseos de paz y esperanza frente a la violencia que en los últimos años se ha adueñado de su vida cotidiana.

Llama la atención que este blog fue abierto el 20 de enero pasado, el día en que el gobierno de Israel decidió cortar el flujo de energéticos a la franja de Gaza. A lo largo de la semana previa, militantes de Hamas habían lanzado hacia Sderot unos 200 misiles Kassam. En medio de esta guerra de desgaste, un israelí y un palestino resisten y demuestran una vez más que la paz, basada en la coexistencia, es posible y, además, EXISTE. Claro, la advertencia que hacen no se puede soslayar: PAREN LA VIOLENCIA ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE.

Justo hoy el periódico Ha'aretz publica A blog where borders don't matter, una reseña sobre Life must go on in Gaza and Sderot y el contexto en el que se crea.

José Hamra Sassón.

sábado, 2 de febrero de 2008

Barenboim: Atravesar el Espejo sin lastimarse

El 12 de enero de 2008 Daniel Barenboim se convirtió en la primera persona en el mundo en tener la ciudadanía israelí y la palestina. Después de un concierto en Ramallah, Barenboim aceptó la ciudadanía honoraria que le ofreció la Autoridad Palestina. Barenboim es un judío nacido en Argentina que emigró a Israel a los 10 años con su familia (ver su biografía oficial aquí). Hoy es un renombrado director de música que ha dedicado la última década a construir puentes que acerquen a israelíes y palestinos a través de la creación musical. Su proyecto más conocido es el West-Eastern Divan, que fundó en 1999 junto con el intelectual palestino-estadounidense Edward Said. Este proyecto reúne a jóvenes músicos de Israel, Palestina, otros países árabes y Europa.

De acuerdo a la página de la Warner Classics, Barenboim define el West-Eastern Divan "como un foro donde jóvenes de Israel y los países árabes se pueden expresar líbre y abiertamente, a la vez que escuchan la narrativa [sobre el conflicto] del otro. No es necesariamente un asunto de aceptar la narrativa del otro, o de estar de acuerdo con ella, pero si de la indispensable necesidad de aceptar su legitimidad. Creemos en sólo dos ideas políticas necesarias y absolutas: (1) No existe una solución militar al conflicto israelí - palestino [y] (2) Los destinos de los pueblos israelí y palestino están inextricablemente ligados y la tierra, a la que unos llaman Gran Israel y otros Palestina, es una tierra para dos pueblos."

El West-Eastern Divan ha sido adoptado como uno de los proyectos de la Fundación Barenboim-Said (fundada a iniciativa de la Junta de Andalucía, España).

Presento aquí, por su alto valor testimonial, el artículo que publicó Barenboim el 2 de febrero en el diario español El País





EL PAÍS

TRIBUNA: DANIEL BARENBOIM


Doble ciudadanía

DANIEL BARENBOIM 02/02/2008

He afirmado con frecuencia que los destinos de los pueblos israelí y palestino están inextricablemente ligados y que el conflicto no tiene solución militar. El hecho de que, hace poco, haya aceptado la nacionalidad palestina, me ofrece la oportunidad de demostrarlo de forma más tangible.

Cuando mi familia se trasladó de Argentina a Israel en los años cincuenta, una de las intenciones de mis padres era ahorrarme la experiencia de crecer como parte de una minoría, una minoría judía. Querían que creciera siendo parte de una mayoría, una mayoría judía. Lo trágico es que mi generación, a pesar de haberse educado en una sociedad cuyos aspectos positivos y cuyos valores humanos han enriquecido enormemente mis ideas, ignoró la existencia en Israel de una minoría -una minoría no judía- que había sido la mayoría en toda Palestina hasta la creación del Estado israelí en 1948. Parte de la población no judía permaneció en Israel, y otros se fueron por miedo o se vieron desplazados por la fuerza.

En el conflicto palestino-israelí ha habido y hay una incapacidad de reconocer la interdependencia de las dos voces. La creación del Estado de Israel fue resultado de una idea de judíos y europeos que, si pretende proyectar su principio básico hacia el futuro, debe aceptar la identidad palestina como otro principio igualmente válido. Es imposible ignorar el desarrollo demográfico; los palestinos que viven en Israel son una minoría, pero una minoría que crece sin cesar, y hoy más que nunca es preciso escuchar su voz. Constituyen en la actualidad aproximadamente el 22% de la población de Israel. Es un porcentaje mayor que el que jamás representó una minoría judía en cualquier país, en cualquier periodo histórico. El número total de palestinos que viven en Israel y los territorios ocupados (es decir, el gran Israel para los israelíes o la gran Palestina para los palestinos) supera ya a la población judía.

Israel se enfrenta hoy a tres problemas al mismo tiempo: la naturaleza del Estado judío democrático moderno, su propia identidad; el problema de la identidad palestina dentro de Israel, y el problema de la creación de un Estado palestino fuera de Israel.

Con Jordania y Egipto se ha podido alcanzar lo que podría llamarse una paz congelada, sin poner en tela de juicio la existencia de Israel como Estado judío. Por el contrario, el problema de los palestinos dentro de Israel es mucho más difícil de resolver, tanto en la teoría como en la práctica. Para Israel significa, entre otras cosas, hacerse a la idea de que su tierra no estaba vacía ni despoblada, no era "una tierra sin gente", la idea que se propagó en el momento de su creación. Para los palestinos, significa aceptar que Israel es un Estado judío y que no va a desaparecer.

Pero los israelíes tienen que aceptar la integración de la minoría palestina aunque signifique cambiar ciertos aspectos de la naturaleza del Estado; también tienen que aceptar la justificación y la necesidad de la creación de un Estado palestino vecino al Estado de Israel. No sólo no hay alternativa ni una varita mágica que haga desaparecer a los palestinos, sino que su integración es una condición indispensable -por motivos morales, sociales y políticos- para la propia supervivencia de Israel. Cuanto más se prolonga la ocupación y más tiempo sigue desatendida la insatisfacción palestina, más difícil es encontrar incluso los mínimos elementos comunes. En la historia moderna de Oriente Próximo hemos visto demasiadas veces cómo las oportunidades de reconciliación desaprovechadas han tenido consecuencias terriblemente negativas para ambas partes.

Por lo que a mí respecta, cuando me ofrecieron el pasaporte palestino, lo acepté con ánimo de reconocer el destino palestino que yo, como israelí, comparto. Un auténtico ciudadano de Israel debe tender la mano abierta a los palestinos y, por lo menos, tratar de entender lo que la creación del Estado de Israel ha significado para ellos. El 15 de mayo de 1948 es el Día de la Independencia para los judíos, pero ese mismo día es Al Nakba, la catástrofe, para los palestinos. Un auténtico ciudadano de Israel debe preguntarse qué han hecho los judíos, famosos por ser un pueblo inteligente, lleno de erudición y cultura, para compartir su legado cultural con los palestinos. Un auténtico ciudadano de Israel debe preguntarse asimismo por qué los palestinos están condenados a vivir en los barrios más pobres y aceptar peores niveles de educación y atención sanitaria, en vez de que la fuerza de ocupación les proporcione unas condiciones de vida decentes, dignas y tolerables, un derecho común a todos los seres humanos.

En cualquier territorio ocupado, los ocupantes son responsables de la calidad de vida de los ocupados, y, en el caso de los palestinos, los sucesivos gobiernos israelíes de los últimos 40 años han fallado miserablemente en ese aspecto.

Los palestinos, como es natural, deben seguir resistiéndose a la ocupación y a todo intento de negarles las necesidades individuales básicas y el Estado. Sin embargo, por su propio bien, esa resistencia no debe manifestarse mediante la violencia. Cruzar el límite que separa la resistencia firme (incluidas manifestaciones y protestas no violentas) de la violencia no produce más que nuevas víctimas inocentes y, a la larga, no beneficia los intereses del pueblo palestino.

Al mismo tiempo, los ciudadanos de Israel tienen tantos motivos para estar pendientes de las necesidades y los derechos de los palestinos (tanto dentro como fuera de Israel) como de los suyos propios. Al fin y al cabo, en la medida en que compartimos una misma tierra y un mismo destino, todos deberíamos tener doble ciudadanía.

© Diario EL PAÍS S.L. - Miguel Yuste 40 - 28037 Madrid [España] - Tel. 91 337 8200


© Prisacom S.A. - Ribera del Sena, S/N - Edificio APOT - Madrid [España] - Tel. 91 353 7900


http://www.elpais.com/articulo/opinion/Doble/ciudadania/elpepiopi/20080202elpepiopi_4/Tes


Para profundizar en la relación de amistad entre Daniel Barenboim y Edward Said, el siguiente video presenta una charla entre estos dos personajes en torno al conflicto israelí - palestino. Entre otras cosas, hablan de sus visiones basadas en el principio de "coexistencia" para resolverlo.


miércoles, 5 de septiembre de 2007

Nuevos encuentros en el Espejo

Otras tres iniciativas en las que participan israelíes, árabes y palestinos / judíos, cristianos y musulmanes, son proyectos concretos que permiten experimentar al "otro" en un afán por romper con las barreras del odio.

Hago referencia a la primera gracias a una recomendación que recibí, indirectamente, desde Buenos Aires, Argentina. Transcribo textual el mensaje del Rabino Baruj Plavnick:

From: pardes@
To: marlenehamra@
Subject: Blog
Date: Tue, 21 Aug 2007 00:33:48 -0300

Estuve ojeando el Blog de tu hno.

Decile que vea Sulha Peace Project (así lo va a encontrar en Google).

Lo dirige el hijo menor de Marshall Meyer z”l que se llama Gabriel Meyer y me parece que tiene mucho para compartir.

Shalom

Rabino Baruj Plavnick

Más información de la Fundación PARDES: http://www.pardes.org.ar/

Hasta acá el mensaje que, debo decir, es alentador.

¿Qué es Sulha Peace Project? La página principal de esta organización dice lo siguiente:

Debido al conflicto árabe – israelí, judíos y árabes en Israel y Palestina tienen muy pocas oportunidades para encontrarse como seres humanos iguales. La falta de contacto personal genera desconfianza, prejuicios y estereotipos.

El Proyecto de Paz Sulha, una organización social no lucrativa, está inspirado en el proceso nativo de mediación (Sulha), y tiene como objetivo reconstruir confianza, restaurar la dignidad y superar la agenda política.

Trabajando básicamente en el nivel social, Sulha prepara - “desde abajo”- a la gente para la paz. Además, complementa los esfuerzos pacificadores que se realizan en las esferas diplomáticas y gubernamentales.

No me sorprende que haya voces, encarnadas en organizaciones y personas, que comulguen con una visión de paz, diálogo, y coexistencia entre árabes y judíos, palestinos e israelíes. A pesar de la idea "mediatizada" de que la relación Israel - Palestina es solamente guerra, odio y muertos, los esfuerzos por encontrarse, en los más diversos contextos y espacios, han sido constantes.

La necesidad de superar el reflejo del espejo es sencilla: israelíes y palestinos comparten el mismo espacio vital. La sobrevivencia de ambas naciones depende una de la otra.

En este sentido, movimientos de corte religioso y espiritual, como Sulha, contribuyen a superar las imagenes de odio que se proyectan cotidianamente. Y no porque sean necesariamente falsas, cierto es que hay varios sectores en ambos lados que refugian sus miedos a lo desconocido en el extremismo nacionalista y/o religioso. Pero estas percepciones no son únicas, y no necesariamente las mayoritarias.

Así pues, resulta por demás interesante esta iniciativa ya que cuestiona otra generalidad aceptada por el grueso de la opinión pública: que la raíz del conflicto palestino - israelí (árabe - judío) es una causa religiosa y que, además, es insuperable. Sulha demuestra justamente lo contrario. En este caso las religiones contribuyen a resolver el conflicto (independientemente de que la razón NO es religiosa).

Hay otras dos iniciativas, también de base social, pero no de corte ecuménico, que llaman mi atención. La primera, de la cuál sólo hago mención por ahora, es The Parents Circle – Families Forum. Esta organización esta conformada por israelíes y palestinos que comparten una misma tragedia: haber perdido a algún familiar directo a causa de la guerra. La página de esta organización social contiene testimonios de algunos de sus miembros. Como es de suponer, son en momentos desgarradores. Vale la pena leerlos, pues permiten experimentar el valor de estos "enemigos" para superar el dolor y ver un futuro común. Sí, se trata de otro espacio que rompe con los prejuicios y cuestiona las generalizaciones.

La otra iniciativa es Radio All for Peace , un proyecto por internet en la que participan palestinos e israelíes por igual. La programación de esta estación incluye noticiarios, espacios de análisis y discusión y, por supuesto, música en árabe y hebreo (se puede escuchar desde aquí). Es una buena oportunidad para experimentar un proyecto en común, a pesar del conflicto. Y sí, se trata de otra iniciativa social.

En conclusión, la paz entre palestinos e israelíes se sigue construyendo, a la espera de que las instancias de poder político en ambas partes finalmente decidan firmarla.

José Hamra Sassón

sábado, 18 de agosto de 2007

Oportunidades para experimentar al "otro"

Un proceso de construcción de paz implica, entre varios factores, la necesidad de "traspasar continuamente el espejo". Es decir, derribar prejuicios y estereotipos respecto al otro, sobre el que hemos aprendido que es "nuestro enemigo". Estas ideas se adquieren como parte, digamos, "natural" de la socialización. Pocas veces tenemos la oportunidad, coraje o atrevimiento, de confrontar nuestras nociones preconcebidas. En otras palabras, la información que recibimos en los distintos entornos sociales en los cuales nos desarrollamos (familia, escuela, sinagoga/iglesia/mezquita, comunidad, amistades, etc.) nos crean imagenes negativas sobre el otro. No es normal cuestionar estas ideas. Simplemente "sabemos" que no debemos juntarnos con quien no es como nosotros ya que es una amenaza latente a nuestra propia existencia. Nuestro entorno no lo facilita y continuamente recibimos información (por lo general poco matizada) que refuerza estas ideas. Insisto, pocas veces se analiza y cuestiona, por lo que fortalecemos nuestros modelos mentales bajo parámetros maniqueos: blanco-negro, bueno-malo. Simplemente "sabemos" que se trata de sobrevivir. "Judío", "árabe", "sionista", "palestino", "israelí", son nociones que se convierten en etiquetas que denotan maldad, peligro, desconfianza.

En el conflicto árabe - israelí todavía es poca la interacción que se puede dar, tanto en Medio Oriente como en las comunidades diaspóricas, entre los diversos grupos y sectores sociales que, de una u otra forma, participan en esta dinámica. Afortunadamente, como refleja Frente al Espejo, existen muchos esfuerzos que buscan revertir la ignorancia aprendida sobre "ese otro". Destacan, por supuesto, la diversidad de instituciones, esfuerzos personales y movimientos sociales y políticos que en el contexto árabe - israelí (y en el particular del palestino - israelí) han asumido la necesidad de conocer al llamado "enemigo".

Las realidades "diaspóricas", fuera del espacio territorial del conflicto, muchas veces facilitan la interacción entre árabes y judíos. En países como Canadá y Estados Unidos, si bien no deja de haber recelos, esta posibilidad se multiplica dada la naturaleza plural de sus sociedades. Incluso en los momentos más álgidos del conflicto palestino - israelí o de los temores que se dispararon tras los ataques terroristas del 11 de septiembre, no dejan de surgir iniciativas para derribar los muros de la ignorancia, de cruzar el espejo.

Tres de estos esfuerzos los documenta Esther Shabot en su columna semanal en Excelsior, donde en "El discreto heroísmo de los conciliadores" (12 de agosto) rescata casos recientes, a nivel institucional, en este sentido. Así, proyectos como "Peacemakers" o reuniones ecuménicas y académicas se encargan de abrir espacios de interacción que precisamente tienen como objetivo, dice Shabot, "desmitificar al enemigo, comprender cada cual las razones del otro y desactivar las fuentes emocionales de la violencia ciega y de los prejuicios tan comunes entre quienes por décadas se han confrontado en una lucha sin cuartel".

Otro caso más, ya en el plano del activismo social, es el de George A. Gorayeb, un estadounidense de origen sirio-libanés, quien hace cinco años se dio a la tarea, junto con Zachary Berk, un judío estadounidense, de promover la paz en Medio Oriente a través de "retiros" que reunieran a árabes y judíos. Lo que en principio unió a estos dos hombres de negocio fue su afinidad ideológica, que les permitió reconocerse, primero, como seres humanos. Esta experiencia, que llevó a judíos y árabes en Estados Unidos a reflejarse en el espejo, la relata Gorayeb en "An opportunity to experience" (Common Grounds News, 16 de agosto). "Los estereotipos negativos son más difíciles de aceptar cuando tienes buenos amigos que contradicen estas nociones". Con permiso del autor a continuación republico su testimonio.

José Hamra Sassón

*********************************

An opportunity to experience

George A. Gorayeb

ARNOLD, Maryland - In November, 2002, sixteen people, half of them Jewish- ad half Arab-American, met an hour north of New York City for a weekend dialogue workshop. Most of them had not dared anything like this before. When they gathered Friday evening for introductions, anxiety was visible on all the participants' faces. The mistrust was palpable.

One participant had served in the Israeli Army decades ago. It seemed to some of us that his only previous conversations with Arabs had been while he was holding a rifle and they were answering his questions. The introductions caused some nervous laughter and an amazing process began. Seldom in our lives had we been compelled to more directly face our own prejudices.

A few months prior, I agreed to have dinner with a man named Zachary Berk. He is Jewish and I am of Syrian/Lebanese ancestry. We met to discuss creating an organization to promote Mideast peace. We were not sure whether we could overcome our suspicions and be able to collaborate, but nonetheless quickly became friends. We are both businessmen and were anti-Viet Nam war activists in college. We discussed our mutual admiration for Martin Luther King and non-violent movements like Mahatma Gandhi's efforts to free India.

We ultimately decided that we would take the risk and organize our first peace retreat. He would recruit Jewish participants and I would recruit Arab participants. It proved more challenging than we anticipated. Most people were either too uncomfortable or rejected the idea as a waste of time that would lead to nothing. Committing to spend a weekend with a group of strangers, half of whom you might really dislike, is not most people's idea of fun.

But we ultimately coaxed enough participants to attend and we found ourselves uncomfortably sitting in a circle to hear each other's life stories on a Friday evening at a Girl Scout Retreat Center. Most participants found the interaction very stressful. I was not sure if this social experiment would explode into a screaming match lacking all constructive communication. If that happened, the opinions people held would just be reinforced.

The attitudes that evening reflected years of frustration with the other side. The Jewish participants expressed anguish at suicide bombers, religious extremists consumed by blind hatred and years of Arab rejections to Israeli overtures of peace. The Arab participants complained of the suffering, oppression, and humiliation endured by the Palestinians and Israeli rejections of Arab overtures to make peace. Much of the interaction was exactly what we would all expect of such a group. It seemed unlikely to change any minds or hearts.

We broke for dinner and ensured that there were an equal number of Jewish and Arab guests at each table. As we broke bread together, the dialogue was more civil. People described their families, and even childhood memories. There was laughter, and with it, a miraculous process began to unfold.

On Saturday, we broke into small groups and did role reversal exercises. We created scenarios in which Arab participants would play the role of an Israeli soldier, or settler. The Jewish participants would assume the role of a Palestinian teenager in a refugee camp, or a Palestinian parent struggling to find work and raise a family.

We did other exercises that exposed private inner feelings and by that afternoon, many had gotten emotional. Some described hardship and suffering endured by their parents and tears were shed. People became increasingly honest about their feelings as they opened up to the group. Our common humanity was becoming evident to everyone involved.

By Sunday afternoon, as we said our goodbyes, the transformation was shocking. Miraculously, somehow we had all become sincere friends. Many joked, hugged and made plans to gather for dinner reunions. Most agreed that this weekend had changed them profoundly.

After that success, we held several more weekend retreats with similar groups. The results were consistently encouraging. The lesson was clear: given an opportunity to experience another person's life and views in a non-threatening, safe environment, most people's prejudices are mitigated. Negative stereotyping becomes much harder to accept when you have good friends who contradict that stereotype. It seems obvious to us that if real Mideast peace is ever realized, it will come when we can acknowledge and address our common hopes and fears.

###

* George A. Gorayeb lives near Annapolis, Maryland and still promotes Jewish-Arab dialogue. He can be reached at georgegorayeb@yahoo.com. This article is distributed by the Common Ground News Service (CGNews) and can be accessed at http://www.commongroundnews.org/.

Source: Common Ground News Service, 16 August 2007, http://www.commongroundnews.org/

Copyright permission has been granted for republication.

martes, 14 de agosto de 2007

Alcances y Límites de la Desconexión - Diciembre 2005

En la última semana me hicieron un comentario verbal sobre el "cambio" que había experimentado Ariel Sharon en sus últimos meses de vida política. Ese cambio que se percibió a raíz de la desconexión de Gaza, no fue más que eso, una percepción.

A continuación presento un artículo que publiqué en diciembre de 2005 en la revista Bien Común No. 132, de la Fundación Rafael Preciado. En él planteo, entre otras cosas, las razones que "obligaron" a Sharon para tomar la decisión de retirar al ejército de Israel y desmantelar las colonias judías de la Franja de Gaza.

**************************************************************

Alcances y Límites de la Desconexión

Por José Hamra Sassón*

La desconexión israelí de Gaza y parte de Cisjordania fue calificada en su momento como un hecho histórico. El operativo inició el pasado 15 de agosto y concluyó, contra todos los pronósticos, tan sólo una semana después e implicó la evacuación de 8,500 colonos judíos de los 21 asentamientos de la franja de Gaza y de otros 1,000 de cuatro al norte de Cisjordania[1]. Israel desmanteló por primera vez en la historia del conflicto con Palestina asentamientos y bases militares de tierras reclamadas por los palestinos para establecer su Estado independiente. Además de histórico, el plan de desconexión resultó sorprendente ya que quien encabezó la decisión fue el primer ministro Ariel Sharon, el padre del proyecto de colonización en los territorios ocupados tras la guerra de 1967.

Pero también es cierto que la desconexión era inevitable. El propio Sharon no pudo haber sido más claro en su mensaje con el que puso en marcha el operativo: “No podemos controlar Gaza para siempre. Más de un millón de palestinos viven ahí y duplican su número en cada generación, viviendo hacinados en los campos de refugiados, empobrecidos y escuálidos, en invernaderos de odio sin esperanza”[2]. Palabras que finalmente calaron en la sociedad israelí después de 38 años de ocupación, dos intifadas y miles de muertos en ambos lados. Y si bien la desconexión fue una vuelta de tuerca necesaria para resolver el conflicto entre palestinos e israelíes, también es cierto que por sí sola es insuficiente para reavivar las esperanzas de paz. A final de cuentas, el proyecto que lanzó públicamente Sharon en diciembre de 2003[3] es una medida unilateral, cuyo eje es una decisión regida por la fuerza de la imposición y no la negociación. La desconexión fue un fin en sí mismo y no forma parte de una visión estratégica que derive en resolver el conflicto palestino-israelí. Más aún, la desconexión fue una “jugada genial” que permitió a Sharon evadir una serie de presiones internas y externas que ponían en riesgo su futuro político.

En este sentido, con el planteamiento que hizo de la salida unilateral de Gaza el primer ministro israelí desvió la atención de las críticas en torno al llamado muro de seguridad que se construye en Cisjordania. Su levantamiento inició en 2002 después de una serie de sangrientos atentados suicidas en territorio israelí. El proyecto ha sido efectivo para reducir hasta en 90% los ataques terroristas en Israel, pero también ha tenido graves consecuencias para la población palestina. Manipulando los argumentos sobre seguridad, el trazo del muro ha separado a miles de palestinos de sus tierras de cultivo e incluso de escuelas y hospitales, anexando de facto a Israel 8% del territorio de Cisjordania y entorpeciendo la libertad de movimiento de su población. Los críticos del muro, que se construye en buena medida sobre tierra palestina, han señalado que en el fondo se trata de un recurso para que el gobierno de Sharon logre un mayor control israelí sobre Cisjordania. La propia Corte Penal de la Haya determinó en julio de 2004 que la construcción del muro violaba la ley internacional y demandó poner fin a su construcción, así como derribar las secciones existentes. Con la atención desviada a la retirada israelí de Gaza, la presión internacional sobre el muro y sus consecuencias pasaron a segundo término. En ese mismo sentido, el plan de desconexión de Gaza quitó presión internacional sobre el asedio militar israelí contra el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Yasser Arafat, quien desde 2002 se encontraba recluido en sus cuarteles de Ramallah.

Respecto al gobierno de Estados Unidos, el proyecto unilateral presentado por Sharon fue decisivo para que la presión que comenzaba a ejercer el gobierno de George W. Bush respecto al cumplimiento de la Hoja de Ruta del llamado Cuarteto[4] se concentrara prácticamente en las exigencias a la Autoridad Palestina de poner fin a los ataques contra Israel. La decisión de Sharon hizo que las demandas a Israel de frenar la política de colonización en los territorios palestinos ocupados se diluyeran. Finalmente, la retirada de Gaza y el norte de Cisjordania implicaba desmantelar asentamientos, con lo que el gobierno de Israel fue eximido por Washington para hacerlo del resto de las tierras ocupadas. Precisamente, en abril de 2004 Bush declaró que era irreal, dados los hechos consumados, pensar que Israel se retiraría de todos los territorios ocupados[5], tal y como lo exigen las diferentes resoluciones de la ONU que son base de la negociaciones de paz. El discurso estadounidense reforzó la posición israelí al exigir a la ANP, encabezada en ese entonces por Arafat, un cambio de dirigencia como condición para avanzar en las negociaciones[6]. Mientras tanto, otorgaba a Sharon carta blanca para combatir, por un lado, al radicalismo palestino (en particular a Hamas) bajo el pretexto de la “guerra contra el terrorismo” y, por el otro, fortalecer la presencia y el control israelí en Cisjordania y Jerusalén oriental.

La decisión de Sharon para “desconectarse de Gaza” también tuvo efectos en el ámbito interno israelí, sobre todo en lo que se refiere a su popularidad y al crecimiento de una alternativa política generada por los sectores pacifistas de las dos partes. En noviembre de 2003 se dio a conocer la Iniciativa de Ginebra, que incluye un borrador para un acuerdo de paz entre Israel y Palestina. El proyecto, impulsado por parlamentarios de la oposición israelí y funcionarios y legisladores palestinos, así como miembros de organizaciones civiles de ambos lados, ofrece soluciones concretas a asuntos tan sensibles como los refugiados palestinos y Jerusalén. Desde el punto de vista territorial, la iniciativa propone la salida israelí de la totalidad de la franja de Gaza y buena parte de Cisjordania. En el fondo, la Iniciativa de Ginebra lleva como mensaje que, contrario a lo que sostenía (y sigue sosteniendo) el gobierno de Sharon, sí había con quien negociar la paz[7]. El “acuerdo no-oficial” tuvo una buena recepción en la comunidad internacional y la población israelí, contribuyendo en la caída que en ese momento sufría la popularidad de Sharon. A finales de 2003 las encuestas ubicaban la aceptación del primer ministro en tan sólo 34%. Aunada a la perspectiva de un fortalecimiento de la oposición, los índices de popularidad de Sharon eran impactados por al menos dos casos de corrupción que involucraban al primer ministro y sus hijos. En pocas palabras, con el sorprendente anuncio del plan de desconexión Sharon se sacudió la presión de sus críticos tanto en el ámbito interno como en el externo.

Ahora bien, la salida de los colonos judíos y las tropas israelíes de Gaza efectivamente debe ser catalogada como un “hecho histórico” por sí misma, pero los alcances del proyecto son mínimos. Como se ha discutido, la desconexión no buscó resolver el conflicto con los palestinos. Por ejemplo, la escalada de violencia que se registró a finales de septiembre demuestran los límites de la unilateralidad. Errores, irresponsabilidades, falta de tacto, declaraciones y la incapacidad de contención de diversos actores pusieron en evidencia los límites de la salida israelí de Gaza[8]. En este sentido, la falta de una negociación formal no permitió coordinar con la contraparte palestina el desmantelamiento de las colonias judías y la salida del ejército israelí. Esta carencia restó legitimidad a la ANP y fortaleció, en cambio, la posición de Hamas que argumenta que la salida israelí de Gaza fue producto de la lucha armada y el primer paso a la destrucción del Estado judío.

De haberla buscado, una negociación habría permitido retomar el rumbo hacia una solución al conflicto basada en dos Estados independientes. Sin embargo, el movimiento táctico de Sharon no forma parte de una visión conciliatoria. Eso sí, el primer ministro israelí purificó, al menos momentáneamente, su imagen ante la opinión pública internacional y en el terreno de las percepciones el balón pasó del lado palestino. El presidente de la ANP Mahmoud Abbas es ahora presionado para desarmar a las organizaciones radicales y parar el terrorismo, pero su estrategia para hacerlo no es bien recibida por Israel, que lo tacha de “líder débil” y le resta legitimidad como “socio para la paz”. En vez de enfrentarse a Hamas, Abbas busca cooptarlo a través de su participación en las elecciones parlamentarias de enero próximo.

No obstante lo anterior, el hecho es que hoy el ejército y los colonos israelíes están fuera de Gaza y el norte de Cisjordania (aunque Israel mantiene el control en casi todas las fronteras y los espacios aéreo y marítimo). Para la Autoridad Palestina el punto crucial es el futuro económico de Gaza. Abbas podrá legitimar su mandato adquirido en las urnas y exigir el desarme de las organizaciones radicales dependiendo de las posibilidades de generar un desarrollo a corto plazo de la economía palestina. Y para hacerlo, los palestinos requieren, entre otras cosas, del libre tránsito de sus productos agrícolas perecederos, por lo que Israel debe desmantelar las decenas de puntos de inspección militar que obstaculizan el comercio palestino tanto en Gaza como en Cisjordania. Otras necesidades de la economía palestina son el paso que permita conectar estos dos territorios palestinos, la reapertura del aeropuerto y la construcción de un puerto marítimo en Gaza. Estos temas fueron finalmente discutidos a principios de noviembre entre las autoridades de Israel y Palestina. Presionados por la Secretaria de Estado estadounidense Condoleezza Rice, se logró un acuerdo para que la frontera de Gaza con Egipto quedara bajo soberanía palestina. Para responder a las preocupaciones de seguridad israelíes, el paso fronterizo de Rafah será monitoreado por observadores de la Unión Europea. Este avance brindará a los palestinos una relativa libertad de movimiento y podría aliviar en el corto plazo las presiones de índole económico. Además, por primera vez en su historia los palestinos podrán ejercer una suerte de soberanía monitoreada sobre una frontera.

La desconexión de Gaza también tuvo consecuencias en el ámbito interno de Israel. Sharon enfrentó a lo largo del proceso de desconexión una creciente oposición al interior de su propio partido, el Likud. Tanto los rebeldes de su partido como la ultra-derecha israelí y los colonos judíos, otrora aliados naturales de Sharon, lo tacharon de traidor e incluso fue amenazado de muerte. La rebelión puso en peligro su liderazgo a tal grado que el pasado 21 de noviembre el primer ministro en funciones renunció a su partido y solicitó la disolución del parlamento israelí. Ahora Sharon creó una nueva fuerza política con sus aliados con la que busca reelegirse en las elecciones que muy probablemente se realizarán en el primer trimestre de 2006. La formación de un nuevo partido que se augura tendrá el arrastre suficiente para permitir la reelección de Sharon, junto con el surgimiento de un liderazgo renovado en el partido Laborista, ha generado un gran revuelo que podría significar la refundación del sistema partidista israelí.

En conclusión, a pesar de las motivaciones que llevaron a Sharon a “desconectar” a Israel de Gaza, lo cierto es que las condiciones en el terreno de juego han cambiado. En principio, un logro indudable de la decisión unilateral de Sharon es que Israel puede desmantelar asentamientos sin que genere una “guerra civil” entre sus ciudadanos. Sharon finalmente se decidió a hacer lo que sus antecesores laboristas que defendían agendas de paz ni siquiera se atrevieron a proponer: sacar a colonos judíos de tierras palestinas ocupadas. En Cisjordania actualmente hay unos 180 asentamientos donde viven cerca de 400 mil colonos, la mitad de ellos en el área de Jerusalén oriental. Si se aprovecha el momento, se podrán ver en el corto plazo avances en esa dirección, lo que permitiría pensar en una próxima reconciliación entre israelíes y palestinos. Un acuerdo que implicaría la creación de un Estado palestino independiente en Gaza, Cisjordania y Jerusalén oriental como capital. La Iniciativa de Ginebra es una opción que puede convertirse en un modelo práctico para alcanzar un acuerdo final de paz. Este escenario optimista dependerá de muchos factores, entre ellos los resultados de los procesos electorales que se realizarán en enero y marzo en Palestina e Israel, respectivamente. Ambas sociedades tendrán la oportunidad de fortalecer las posiciones moderadas de ambos lados que defienden al diálogo como medio para alcanzar una solución de paz permanente. Sin embargo, está latente el riesgo de que las posiciones extremistas también se fortalezcan en cualquiera de los dos lados. En este caso, sólo podríamos esperar la continuación y el incremento de la violencia. Sin duda, la intervención de la comunidad internacional, (Estados Unidos y la Unión Europea) será vital para presionar a las partes y regenerar la confianza que se requiere para asegurar las condiciones de coexistencia a la que están destinados israelíes y palestinos.

-------------------------------------

* Especialista en asuntos del Medio Oriente, columnista de Revista Antena Radio, Horizonte 108 (107.9).




[1] Gaza es una franja territorial de poco más de 360 km2 arrinconada entre Israel, la península del Sinaí (Egipto) y el mar Mediterráneo. Durante la guerra de 1948 fue ocupada por Egipto, la cual administró militarmente hasta que pasó a manos de Israel tras la “Guerra de los Seis Días”. En este minúsculo territorio viven poco más de un millón 300 mil palestinos, 70% de ellos en calidad de refugiados, producto de las guerras de 1948 y 1967. La franja tiene como fronteras 11 kilómetros al Sur con Egipto, 51 kilómetros al Norte y Este con Israel, y 40 kilómetros al Oeste con el mar Mediterráneo. Cisjordania es el territorio de 5,850 km2 que se encuentra entre Jordania e Israel. Tan sólo como referencia, el Distrito Federal de la Ciudad de México tiene un área aproximada de 1,500 kms2.

[3] El 18 de diciembre de 2003 Ariel Sharon hace la primera referencia pública a la “desconexión” de Gaza. Ver http://www.pmo.gov.il/PMOEng/Archive/Speeches/2003/12/Speeches7635.htm.

[4] El Cuarteto esta conformado por Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y la ONU. La Hoja o Mapa de Ruta establece un calendario de logros para avanzar, en tres fases, hacia una solución permanente del conflicto palestino-israelí, que se base en la co-existencia de dos estados. La primera fase está concentrada en crear las condiciones para poner fin al ciclo de violencia. El documento se puede consultar en http://daccessdds.un.org/doc/UNDOC/GEN/N03/348/82/PDF/N0334882.pdf?OpenElement.

[5] Ver carta de George Bush a Ariel Sharon del 14 de abril de 2004 en http://www.pmo.gov.il/PMOEng/Communication/DisengagemePlan/bush140404.htm.

[6] Tras el fracaso de la Cumbre de Campo David de agosto de 2000, el discurso oficial israelí se centró en desconocer a Yasser Arafat como “socio para la paz”. Con Sharon al frente, Arafat pasó a ser “un obstáculo para la paz”, por lo que en diversas ocasiones se sugirió “removerlo” de los territorios palestinos.

[7] El Acuerdo de Ginebra se puede consultar en http://www.geneva-accord.org.

[8] El jueves 22 de septiembre tropas israelíes emboscaron a tres miembros de Jihad Islámica en Tulkarem, en Cisjordania, lo cual provocó la reacción de la organización que atacó desde Gaza territorio israelí con una serie de morteros. Al día siguiente, 10 mil militantes de Hamas se manifestaron armados en el campo de refugiados de Jabalia en una demostración de fuerza. En el evento estalló un camión cargado de explosivos matando a más de 20 palestinos e hiriendo a otros 140. La explosión fue causada por la torpeza en el manejo de las armas, como revelaron posteriormente las investigaciones de la ANP. Lejos de aceptar su error, el liderazgo de Hamas culpó a los israelíes de lo ocurrido. Acto seguido, radicales palestinos atacaron poblados al sur de Israel con unos 40 proyectiles caseros (Qassam). En represalia, el gobierno de Sharon puso en marcha la operación “Primera Lluvia” y reinició los asesinatos selectivos de presuntos terroristas palestinos.

sábado, 11 de agosto de 2007

¿Se reactiva el proceso de paz?

Casi todo parece indicar que así es. Considero que debe prevalecer un optimismo muy moderado, pero optimismo al fin. Por primera vez en siete años empiezan a soplar vientos en ese sentido en el conflicto israelí - palestimo. Las dudas de siempre se mantienen: ¿Qué tanto resistirán los líderes de Israel y Palestina a los movimientos extremistas? ¿Son genuinos los intereses de quienes hablan de hacer la paz? Construirla es un proceso que está en curso y que no necesariamente depende de los humores políticos.

A continuación presento una versión de la sección "Medio Oriente: Un Mundo Entero" del 8 de agosto. Ahí abordo las perspectivas de paz tras la reunión del pasado del lunes 6 de agosto entre Olmert y Abbas.

Como expreso, la Iniciativa de Ginebra vuelve a cobrar fuerza. Para abundar en esta propuesta, se puede accesar a su sitio de internet aquí. Bien vale la pena darle una revisada. Ademas del borrador de acuerdo de paz, hay una serie de spots en los que israelíes y palestinos promueven este proyecto que está listo desde 2003.

El Acuerdo de Ginebra fue uno de los factores que orilló a Sharon para impulsar la desconexión unilateral de Gaza. Necesitaba un golpe mediático que marginara una iniciativa que demostraba que sí había socio con quién negociar la paz. La desconexión fue una imposición más a los palestinos que fortaleció a Hamas (las consecuencias están a la vista), y que desvió magistralmente la atención de una iniciativa que ponía en riesgo su futuro político.

*******************************************************************************

PLAY IT AGAIN, SAM…
JOSÉ HAMRA SASSÓN
MEDIO ORIENTE: UN MUNDO ENTERO
REVISTA ANTENA RADIO 107.9FM
9 DE AGOSTO DE 2007
El pasado lunes 6 de agosto se reunieron en Jericó, Cisjordania, el Primer Ministro de Israel, Ehud Olmert y el Presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas. El objetivo fue preparar un proyecto rumbo a la conferencia internacional de paz convocada por George W. Bush para este fin de año.
Esta es la primera vez que una reunión entre los líderes de Israel y Palestina se realiza en territorio palestino. Sin duda, todo un acontecimiento dado el estado de la relación entre ambas partes. Se abre así, nuevamente, una oportunidad más para la diplomacia. Olmert expresó que estaba entre sus intereses “permitir futuros avances”, dijo, “en el establecimiento de un Estado palestino".
La retórica aún es vaga, pues no se han dado a conocer formalmente los alcances de estos “futuros avances” ni lo que entiende Olmert por “Estado palestino”. Para el premier israelí, estos progresos se concretan por el momento en mecanismos de seguridad y fortalecimiento de instituciones. Los detalles, las letras chiquitas, son las que necesitan ser aclaradas pronto para aprovechar los aires renovados. Aún no hay una posición oficial israelí respecto a las fronteras que delimitarían a ambos Estados, el paso entre Gaza y Cisjordania, el status de Jerusalén, el futuro de los asentamientos judíos y los refugiados palestinos. Si estos temas fundamentales no se tocan, no habrá nada de que hablar.
Sin embargo, es más que simbólico que el primer ministro de Israel haya expresado estas palabras desde Cisjordania. Olmert, como la gran mayoría de israelíes y palestinos, parece entender que la resolución del conflicto pasa por un Estado palestino independiente. Lo que falta hasta ahora es voluntad política, pero los mecanismos diplomáticos se han reactivado en diversos frentes por primera vez en siete años. Por un lado, Olmert ha dado vuelta a la hoja al guión sharonista. Si bien no descubrió el hilo negro, como político pragmático que es, margina la estrategia unilateral de “no-política” impuesta por Ariel Sharon a los palestinos. Abbas por su parte, con el agua hasta el cuello tras el golpe de Hamas en Gaza, ha logrado incluso el compromiso de las milicias ligadas a Al-Fatah para deponer las armas contra la ocupación israelí. Sí, es una nueva oportunidad para la paz entre israelíes y palestinos. Este ánimo se fortalece tras la reanudación de los contactos entre las representaciones diplomáticas israelíes y palestinas en todo el mundo. Así mismo, se ha reactivado la cooperación económica entre las partes junto con la liberación de unos 250 prisioneros palestinos.
En otro ímpetu en la misma dirección, se “filtró” a la prensa una propuesta de Shimon Peres, flamante Presidente de Israel, que rescata de la iniciativa de Paz de la Liga Árabe, la cual garantiza las fronteras del Estado palestino basado en las líneas previas a la guerra de 1967 y la normalización con Israel. El proyecto de Peres sugiere que ambas partes formalicen una base de negociación en la que Israel garantice al Estado palestino un territorio equivalente al 100% de las dimensiones de Gaza y Cisjordania. En otras palabras, establece que algunos asentamientos judíos en Cisjordania no serían desmantelados, siempre y cuando no interfieran con la continuidad territorial de Palestina. A cambio, Israel compensaría ese territorio con una cantidad equivalente de tierras israelíes adyacentes.
Sin decirlo, la propuesta de Peres refrenda la Iniciativa de Ginebra, lanzada a finales de 2003 por políticos y activistas israelíes y palestinos. Este proyecto, que ofrece desde ese entonces un borrador de un acuerdo de paz, rescata ideas que se presentaron antes en Oslo, en la iniciativa de Clinton de diciembre de 2000 y en la “hoja de ruta” de Bush. Pero a diferencia de otros planes, el Acuerdo de Ginebra define claramente los objetivos y determina los principios de un cronograma y mecanismos para su aplicación. También ofrece una solución negociada a los temas centrales, y más sensibles, en el conflicto.
Así pues, un acuerdo ya está más que planchado, pero es voluntad política lo que falta para apuntalarlo y hacer frente a las minorías extremistas que se opondrán por todos los medios a su alcance, como ya lo han demostrado antes. Y este último paso dependerá de la seguridad de los principales negociadores. Si el proceso de paz cae nuevamente como rehén de intereses particulares, no se concretará ningún avance. En ambos casos, poner fin al conflicto se convierte en un salvavidas para mantenerse en el poder. Mientras Olmert es un gris político rodeado de escándalos de corrupción y tráfico de influencias, Abbas requiere de una salida a la escalada de violencia intra-palestina. La urgencia de hacer frente a Hamas en Gaza podría dividir aún más a la calle palestina. Si no hay un proyecto de nación que los palestinos compartan, cualquier esfuerzo de paz con Israel será en vano.
En este sentido, bien valdría la pena cuestionarse si marginar a Hamas es la estrategia adecuada. La precariedad que se vive en Gaza le ha restado popularidad al movimiento islamista, pero no poder militar. Marginarlo, como se pretende desde enero de 2006, no ha sido efectivo. Tampoco suponer que se puede llegar a un acuerdo con los palestinos “cisjordanos” y dejar a los de Gaza a la deriva. Nadie puede asegurar que Cisjordania no se contagiaría de una violente crisis social que surgiría en Gaza si su economía se colapsa, como lo prevé la ONU. La franja, a pesar de estar bajo control de Hamas, no debe relegarse del proyecto nacional palestino.
El reto está ahí: que el proceso de paz que retoman los líderes no sea una mera tabla de salvación. Más ilusiones falsas al pueblo palestino implicaría fortalecer las posturas extremistas, algunas de las cuales ya rebasan la opción de Hamas. No obstante, se abre una nueva ventana de oportunidad para la paz. Como lo hemos mencionado, el camino está trazado. Falta ver que los líderes de Israel y Palestina realmente tengan la capacidad y el valor suficientes para transitarlo y llegar hasta su última parada.

jueves, 2 de agosto de 2007

Reseña del "Big Jump"

El 15 de julio los "Amigos por la Tierra Medio Oriente" dieron el "Gran Brinco" en el río Jordan (ver entrada del 13 de julio).

EcoPeace, la página de esta organización, tiene una pequeña reseña de un evento que reunió a palestinos e israelíes en un objetivo común.

También hay un álbum con más fotos dando cuenta del "Big Jump".




En la página de EcoPeace -Amigos de la Tierra Medio Oriente se pueden encontrar otros proyectos enfocados en perservar el medio ambiente en los que participan juntos -desde 1994- israelíes, palestinos y jordanos. Estos ecologistas consideran que perservar el espacio que comparten creará las condiciones necesarias para una paz duradera.

Especialmente en este "Vínculo en el Espejo" hay información referente a la preservación de las escasas fuentes de agua. Y es en particular interesante ya que el agua es un recurso para construir la paz, y no sólo un factor para explicar el conflicto en Medio Oriente. En otras palabras, israelíes y palestinos son capaces de compartir hasta un vaso de agua. Cuando exista la voluntad política para firmar un acuerdo de paz, no faltará uno para brindar.

JHS